En este contexto, la incorporación de estudiantes con discapacidad o
exigencias especiales busca la igualdad de oportunidades para todos y se
apoya en el principio del respeto a la diversidad (Fernández y Duarte, 2016).
Dicho respeto a la diversidad, se ha visto debilitado por las representaciones
sociales, en relación a las personas que tienen alguna discapacidad (Urbina y
Ovalles, 2018). Lamentablemente, la construcción de representaciones
sociales hacia cierta población etiquetada como incapaz por el hecho de
presentar alguna discapacidad, ha generado a nivel mundial una gran brecha
y ha tenido una gran influencia en el ingenio colectivo, al haberse creado
símbolos y significados sobre ellos, que los han venido condenando a la
discriminación, dejándolos al margen de la formación y capacitación, lo que
ocasiona una reducción de sus habilidades y posibilidades de desarrollo
profesional (Rojas, 2017).
En este sentido, la concientización sociocultural frente a la discapacidad, es
el punto de entrada hacia ciertas y antiguas formas de pensamiento y
estereotipos que se han sumado en el transcurso de la historia y a la cual se le
ha asignado a cierto grupo de población, al calificarlos dado su discapacidad
la cual es asociada a la incapacidad de pensar, de aprender, de actuar y de
hacer. Estas descripciones acaban por afectar desfavorablemente el desarrollo
educativo de las personas discapacitadas.
Por otro lado, los estudiantes que presentan discapacidad leve o moderada
que son integrados a las instituciones de educación básica regular, no se les
ofrece un servicio educativo de calidad, debido a que se omiten las
adaptaciones curriculares que se ajusten a sus necesidades y no reciben el
apoyo necesario por parte de los profesionales, por falta de personal y de
recursos (Defensoría del Pueblo, 2019).
Ante lo expuesto y lo concreto, de lo ideal plasmado en normas y leyes a la
realidad práctica del día a día en las aulas regulares, era necesario hacer una